Archivo de Febrero 2008

El poder de nuestras relaciones personales

Febrero 16, 2008

El Kentucky Derby es una famosa carrera de caballos de sangre donde solamente compiten los más robustos y veloces animales. Dos amigos hacendados sostenían una conversación amigable con respecto a dicho certamen y uno le comentó al otro: “¿Sabias que este año quiero llevar a una mula de trabajo que tengo en casa a que compita por el primer lugar en el Kentucky Derby?  Sorprendido este por la gran osadía de su amigo le preguntó entonces con gran perplejidad: “¿Crees que tu mula tenga alguna posibilidad de ganar algún lugar?” No, contestó aquel. Pero si se que la asociación con los caballos le hará muy bien por el resto de su vida. Todos hemos oído el famoso proverbio que dice, ‘dime con quien andas y te diré quien eres.’ La anécdota anterior contiene una gran lección: Nuestras relaciones personales ejercen un gran poder sobre nuestra vida. Ese poder se llama influencia.

A través de toda la Escritura vemos como los grandes hombres de Dios siempre estuvieron bajo la cobertura, el amor y la protección de otros hombres de Dios. Josué tuvo a Moisés, Eliseo a Elías, Pedro a Jesús, Pablo a Gamaliel, Timoteo a Pablo. Sir Isaac Newton, el famoso científico Inglés del siglo diecisiete expresó en una ocasión, “Si yo he visto más que otros, es porque he estado parado en los hombros de gigantes.” Con esta expresión se refería a los científicos que le precedieron y por quien fue influenciado tremendamente.

Las relaciones personales tienen poder porque nos pueden llevar a diferentes lugares en la vida. No hay nada como tener un buen padre espiritual cuyas virtudes ayuden a la formación de nuestro carácter y que al final de sus días nos pase su manto virtuoso como un eterno legado.  Por otra parte podemos ver la triste decadencia que existe en las relaciones entre familiares y amigos íntimos en la sociedad de hoy. La idea del hijo prodigo ha penetrado el subconsciente  de muchos expertos en el campo de las relaciones interpersonales y han olvidado por error o negligencia que el conflicto que da lugar a toda la rebelión de la actual sociedad no es otro sino el gran número de padres pródigos.  Existe una gran diferencia entre un hijo y un padre prodigo. El hijo prodigo renuncia a la cobertura de su padre y prefiere huir del lugar que le vio nacer y se lanza a la peligrosa aventura de la vida desenfrenada. El padre prodigo en cambio, es aquel que rechaza su propio engendro y no le cubre con su manto paternal de protección

Nuestras relaciones también son como los botones de los elevadores, en dependencia de cual apretamos, entonces subimos o bajamos. En una ocasión leí un estudio que tenia que ver con la dinámica de las relaciones interpersonales el cual planteaba que si tomamos las siete personas más cercanas que tenemos a nosotros, sumamos todo su salario anual y después lo dividimos por siete, eso cifra nos dará un aproximado de cuál será nuestra entrada económica anual. ¡Que interesante estudio, verdad! La realidad es que incluso nuestra solvencia económica esta determinada en muchas ocasiones por la gente que nos rodea. Es bien importante que demos un vistazo a la gente que esta mas cerca de nosotros, existe una gran posibilidad que seamos como ellos en los próximos 3 años de nuestra vida. A veces tenemos que hacer un inventario de quienes son nuestras relaciones y determinar si nuestra asociación con esas personas es provechosa para los propósitos eternos que Dios tiene con  nuestra vida. La palabra de dios es bien clara con respecto a la distancia que debemos guardar con relación a nuestros vínculos con las personas. El Salmo 1 lo expresa de manera especial:

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová esta su delicia, será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperara.”    

Hay ciertos pasos que podemos dar para asegurarnos que nuestras relaciones personales serán fructíferas:

-Busca la amistad de aquellos que tienen una relación intima con Dios

-Evita la compañía de personas negativas y pesimistas

-No permitas que las personas te usen para descargar su odio en contra de otras personas

-Busca la amistad de aquellos que no tengan nada que perder con decirte la verdad.

-Aléjate de aquellas personas que les interesa más lo que hay en tu mano y no lo que hay en tu corazón.

-No te asocies con personas que han pasado la mitad de su vida diciendo lo que van a hacer, y la otra mitad justificando porque no lo hicieron. Evita ese espíritu de pereza y negligencia.

Mañana comienza Hoy

Febrero 5, 2008

Mañana comienza hoy

Lo primero que hay que hacer es lo primero que hay que hacer 

El famoso filósofo de origen alemán Johann Wolfgang Von Goethe, dijo en una ocasión: “Lo que importa más nunca debe estar a merced de los que importa menos.” Esta frase tan bien pensada nos presenta con sabia elocución la importancia que las prioridades deben tener en nuestra vida. Hay dos cosas que nosotros siempre hacemos. Hacemos aquellas cosas que queremos hacer, o hacemos aquellas cosas que debemos hacer. En realidad, cuando hacemos lo que debemos hacer en primer lugar, entonces estamos preparándonos para disfrutar lo que verdaderamente queremos hacer por el resto de  nuestra vida. No hay nada malo con querer hacer lo que deseamos siempre y cuando ese deseo esté subordinado al deber de hacer primero lo primero. Hacer lo que queremos es aceptable cuando sea la acción que siga a lo que debemos hacer, o sea, lo primero siempre debe ser lo primero. ¿Qué quiero decir con esto? Primeramente me refiero a las prioridades en nuestra vida. Lo podemos hacer todo siempre y cuando lo hagamos en el orden adecuado. El peor error que a veces cometemos es hacer muy bien lo que no  tenemos necesidad de hacer. En segundo lugar, me refiero al hecho que cuando dejamos de hacer lo que es una prioridad en el día de hoy, entonces hemos contraído una deuda innecesaria con el día de mañana.  Mañana entonces tendremos que saldar la deuda que hemos creado hoy y el potencial para crear y producir en nuestro futuro empiezan a alejarse de nosotros. La mayoría de las personas nunca alcanzan sus sueños en la vida porque han dejado para mañana las cosas que debían de hacer hoy.

 Alejandro Magno, después de dar órdenes a sus generales siempre les pedía en las noches un reporte de las misiones cumplidas. Cuenta la historia que en una ocasión, Pimérides había dejado una tarea importante sin hacer y se disculpó con su jefe diciendo: “Mañana será lo primero que haré.” Alejandro entonces le hizo una pregunta sorprendente: “¿Cómo crees que he logrado conquistar un imperio tan grande en tan poco tiempo?” Pimérides entonces comenzó a elogiar el valor y la destreza de su líder, pero Alejandro le atajó rápidamente diciendo: “No, no es eso solamente. Eso se supone. Lo he podido lograr porque nunca he dejado para mañana lo que debía hacer hoy.”  

En la historia del Señor Jesús y la mujer Samaritana encontramos un ejemplo de valor eterno con respecto a la necesidad de ser fiel a aquellas cosas que son prioridades en nuestra vida. Jesús salió de Judea para ir a Galilea y sintió en su corazón pasar por Samaria. Cansado del camino y sediento se sentó junto al pozo de Jacob. Era la hora de almuerzo y todos sabemos que el hambre siempre está apurada y casi nunca espera por nosotros. Sin embargo, después de un breve intercambio con una mujer Samaritana el Señor descubre la sed espiritual de un ser humano cuyo destino eterno está en gran peligro, y  olvidándose de su propia necesidad humana se sumerge a ministrar la necesidad espiritual de una mujer de influencia cuya vida llevaba el estigma despiadado de la inmoralidad desenfrenada. Al verle sus discípulos, y asombrados de que hablara con una mujer le quieren persuadir a que haga espacio para almorzar: “Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.” Juan 4:31-32 

Hay muchas cosas importantes que pueden esperar y darle lugar a aquellas cosas que son verdaderamente una prioridad en nuestra vida. Hay ciertas cosas que sólo se pueden lograr en cierto momento y una vez que se ha perdido esa ventana de oportunidad entonces se hace muy difícil recuperar ese tiempo específico. Jesús supo cómo aprovechar su tiempo y lograr grandes cosas en su breve ministerio terrenal. Nuestro tiempo es lo único en la vida que tiene un carácter insustituible. El tiempo perdido se perdió para siempre, es por esa razón que el apóstol Pablo en su epístola a los Efesios les exhorta diciendo: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” Efesios 5:15  

¿Cómo podemos reconocer lo que son prioridades en nuestra vida? 

Primero: Las cosas que son prioridades en nuestra vida tienen valor eterno. Tienen que ver con nuestra vida espiritual, nuestro carácter cristiano, nuestra integridad. Las cosas que nadie puede hacer por nosotros se constituyen en prioridades en nuestra vida.  Dependen de nuestro esfuerzo y de nuestra disposición y si nosotros no tomamos la iniciativa, entonces nadie la tomará  por nosotros.  

En segundo lugar, las prioridades son lo único que garantiza nuestro avance. Si invertimos nuestro tiempo en una acción que no contribuye a mejorar  quienes somos, entonces no es una prioridad en nuestra vida.  

Por último, nuestras prioridades no se deben confundir con nuestras necesidades. Las prioridades que no se implementan producen grandes pérdidas en nuestra vida. Nuestras necesidades en cambio son el resultado de dos cosas diferentes: Algo que debíamos de haber hecho y por negligencia no hicimos, o algo que queremos hacer y no sabemos cómo.  

Es nuestro deber nunca dejar para mañana aquellas cosas que debemos hacer hoy. Cuando Dios ve esa actitud responsable en nosotros, entonces su bendición viene en abundancia. El deseo del Señor es prosperarnos en todo y ayudarnos a vencer los obstáculos que se pueden presentar en el camino. Cuando Jesús vino a nuestra vida y nos redimió de nuestros pecados, también nos redimió de nuestro tiempo perdido. Dios puede hacer que lo que antes nos tomaba un año para lograr, lo podamos conseguir en dos semanas. Cuando Cristo vino a nuestro corazón la capacidad para actuar con sabiduría también vino a nuestro corazón. De ahora en adelante podemos vivir la vida de victoria que es su deseo que vivamos.

Fiel a la causa de Cristo

Juan Carlos Del Valle
Pastor Iglesia Vida

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