Todo lo que nos sigue es bueno

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“Ciertamente el bien y la misericordia me seguiran todos los días de mi vida.” Salmo 23:6

A veces escucho a otras personas decir: ‘¡Que suerte tienes!’ La realidad es que los hombres y mujeres que servimos a Dios no somos afortunados, sino bendecidos. El deseo de Dios es que seamos bendecidos y no que tengamos suerte. La bendición de Dios es algo que viene a nuestras vidas y se queda para siempre, la suerte en cambio es momentánea. Dios nos ha prometido en su palabra que el bien (todo lo que es bueno, favorable, de buen nombre) y la misericordia (la gracia, la paciencia, y el amor incondicional de Dios) nos seguirán todos los días de nuestra vida. Nada malo puede seguir al cristiano porque de Dios solamente viene lo bueno. La condenación, las enfermedades, la pobreza, la maldición no provienen del cielo. De Dios viene la salvación, la salud, el bienestar y la bendición. La biblia nos dice en Santiago 1:17: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” Lo cierto es que todo lo que no desciende del cielo, asciende del infierno. Lo que no viene de Dios viene del enemigo de nuestras almas. Cada nuevo día que asoma a nuestra ventada es otra oportunidad que Dios nos da para ver su poder en acción a favor de los que le aman. Recuerda que el deseo de Dios es recompensar y bendecir a aquellos que guardan su palabra. En Deuteronomio 28:2 hay una promesa espectacular: “Y vendrá sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.” Proponte en tu corazón escuchar la voz del Señor y verás las ventanas de los cielos abrirse de par en par sobre tu vida.

Oración para el día de hoy

Señor Jesús, gracias te doy porque el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida. Yo reconozco que de ti solamente viene lo bueno. Ayúdame a ser hacedor de tu palabra y no solamente un oidor olvidadizo. Espíritu Santo te pido que me enseñes cada día a reconocer cuando Dios Padre está hablando a mi vida. En el Nombre de Jesús ¡Amén!

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