“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 2 Timoteo 1:7
El temor no viene de Dios, de Dios procede la valentía y la fortaleza para seguir adelante a pesar de las dificultades. El temor es un espíritu infernal que hay que resistir y doblegar con firmeza en el Nombre del Señor Jesús.
“Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor.” 2 Timoteo 1: 12
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.” 1 Corintios 16:13
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7
El temor es un veneno mortal porque debilita y paraliza a aquel que es su victima. La mejor forma de vencer el temor es enfrentando con valor lo que tememos y confesar la palabra de Dios sobre las dificultades. Dios conoce todos nuestro temores, el sabe lo que necesitamos. Tus prisiones tendrán una puerta, tu río tendrá un puente, tu montaña tendrá un túnel. Hay personas que son victimas del temor porque prestan más atención a la voz del enemigo que a la voz de Dios. Ten por cierto que aquella voz que se escucha constantemente es la voz que va a prevalecer en tu vida. La fe viene por el oír, pero el temor también viene por el oír.
Hay cristianos que son prisioneros del temor porque no cesan de escuchar la voz del maligno. Constantemente prestan atención a lo que las personas comentan a su alrededor. Los 10 espías que entraron a espiar la tierra prometida infestaron a millones de Israelitas con el virus del temor. Todo lo que tu creas eso es lo que crecerá en tu vida. Lo que tú creas eso es lo que crecerá cada día en tu vida. Tu boca y tu mente son amplificadores de lo que tú quieres.
Lee la palabra de Dios, cree la palabra de Dios, confiesa la palabra de Dios. Ella tiene poder creativo sobre tus circunstancias. Se requiere la misma energía y el mismo tiempo para creer lo bueno que para creer lo malo, pero los resultados son inmensamente diferentes. Si tu matas de hambres tus dudas, entonces tu fe crecerá y el temor desaparecerá de tu vida.
Oración para el día de hoy
Padre celestial, gracias te doy porque tu no me has dado el espíritu de cobardía. En este día resisto firmemente todos aquellos pensamientos que no vienen de ti y los llevo cautivo a la obediencia en Cristo. Satúrame con tu Espíritu Santo de forma tal que las promesas de tu palabra ahoguen todas aquellas cosas en mi vida que no provienen de ti. En el Nombre de Jesús, ¡Amen!